-¿Qué me dices si vamos al lago esta tarde?-preguntó el chico pelirrojo oscuro de ojos azul intenso.
Grace le fulminó con la mirada y siguió caminanando. Pero el chico seguía detrás de ella. Grace le ignoraba, por mucho que insistieran no iba a quedar con él, para ella era un pringado. Nunca serían nada, ni siquiera amigos.
El pelirrojo nunca paraba de atosigaría. Desde hacia cuatro meses iba detrás de ella, sin descanso, en todas las clases en las que coincidían, cuando se cruzaban por los pasillos. Conocía, incluso, los sitios donde quedaba con sus amigos.
Le odiaba tanto que casi se imaginaba las conversaciones que tendrían sus amigos a sus espaldas acerca de ese pegajoso. Ella era la más lista, guapa y popular de todos los cursos. Los nuevos que entraban cada año se maravillaban con ella, y los profesores la adoraban. Se creía perfecta y sus amigos eran parecidos a ella. Pero muchas personas la odiaban. Pero en el fondo, nadie sabía como era.
Finalmente se dio la vuelta y le gritó:
-¡Déjame en paz!-le dijo furiosa. El chico se sorprendió-¡Estoy harta de ti! ¡Olvídame de una vez!
Se marchó dándole la espalda. Ya no le seguiría más.
Él no se movió, se quedó parado, perplejo, sin poder pensar nada. Un empujón le devolvió a la realidad. Aún permanecía entre las cuatro paredes del asqueroso instituto. Frunció el ceño y se fue hacia la salida.
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